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Qué hacer cuando descubro que un hijo consume sustancias psicoactivas?

¿QUE HACER CUANDO DESCUBRO QUE UN HIJO CONSUME SUSTANCIAS PSICOACTIVAS?
La aparición de la adicción en el hijo no sucede de la noche a la mañana. Es todo un proceso, un malestar que venía germinando dentro del joven tiempo atrás y encuentra una "solución" en el consumo de la sustancia. Recordemos que ese "malestar" puede ser debido a muchas causas de orden biopsicosocioespiritual y que en el momento en que nos demos cuenta que el hijo consume psicoactivos, no es adecuado lanzar recriminaciones al cónyuge ni a la sociedad. Es necesario responder y esto quiere decir actuar.
A. NO NIEGUE EL PROBLEMA
La primera reacción de la familia al saber que el hijo consume sustancias psicoactivas es negar. Es difícil aceptar esa realidad. El orgullo, la vergüenza, el enojo no permiten un mínimo de objetividad al principio: "Los hijos del vecino podrán tener dificultades de esa clase, pero mi hijo no; él no es como los otros".

Superada esta fase de la "negación", la familia comenzará a asimilar los siguientes planteamientos:
a) Resolver un problema de adicción implica tiempo. No es tan fácil como solucionar un dolor de dientes. El tratamiento es un trabajo largo donde hay que poner mucho empeño y paciencia. Los mejores resultados (después de terminada la terapia se ha hecho seguimiento por dos arios), duran entre dos y cuatro años. Hay que desconfiar de propuestas "especiales" que prometen resolver el problema en poco tiempo.

b) Trate de preguntarse: ¿Qué tanto conozco a mi hijo? Comience a observarlo con otros ojos, con la atención del que quiere descubrir, comprender profundamente a la persona con quien vive, dándose la opción de que el hijo puede ser muy diferente a como usted lo había imaginado8.

c) Afronte la situación con su hijo, decididamente, sin miedo, para lograr sacar al máximo la verdad, sabiendo que seguramente él continuará mintiendo. No olvide que generalmente en la primera fase, la característica del adicto es la negación como se explicó anteriormente.

d) Busque una reorganización de la vida diaria del hijo, sus horarios, sus ocupaciones, tratando de aumentar la participación en la vida de familia.

e) Revolucione la dinámica familiar a partir del "descubrimiento" de un miembro con dificultades adictivas. Es necesario buscar una unión en las actividades diarias: trabajos, recreación. Comienza una etapa donde la familia debe participar en reuniones con otras familias que tienen el mismo problema. Es aquí donde pueden funcionar los grupos de "autoayuda" de Alcohólicos Anónimos, famosos y adoptados por otras organizaciones. La terapia familiar "paralela", integrada con la guía de un profesional especializado en adicciones, también es importante en todo el tratamiento.

Hay un lema que se utiliza mucho en las comunidades terapéuticas y que sirve para la familia y para el adicto: "Sólo tú lo puedes hacer, pero no lo puedes hacer solo". El adicto, poco a poco va aprendiendo que es importante "su" participación en el tratamiento, que él tiene fuerzas para cambiar "su" vida, pero el tratamiento no lo puede hacer "solo". Debe estar junto a otros compañeros en recuperación, con los cuales va a crecer integralmente. Lo mismo vale para las familias: es necesario que conozcan las experiencias de otras personas que han pasado o están pasando por dificultades semejantes.

f) Verifique las afirmaciones o declaraciones del hijo: la persona adicta tiende a la mitomanía, por tanto, las mentiras forman parte determinante de su conducta.

g) Disponga un programa de control del manejo del dinero. ¿Cómo gasta la plata?

h) Infórmese sobre las compañías que frecuenta el hijo. ¿Quiénes son? ¿Qué negocios tienen con él?

i) Comience ahora la lucha más fuerte: es importante soportar con paciencia y firmeza la tenaz insistencia del hijo que juzgará absurdo todo lo que suene a terapia, tratamiento, consejería. El buscará huir del control, amenazará con represalias, intentará chantajes, tratará de hacer pelear a la mamá y al papá, a los hermanos entre sí, formará alianzas con otros familiares (tíos, abuelos), para sabotear la firmeza de la familia.
Los mejores pronósticos de recuperación, de acuerdo a muchas investigaciones, se dan cuando la familia forma un "bloque", una unión y sigue adelante recibiendo asesoría, sin ceder a los saboteos del hijo. No se desanime si él no quiere participar en los grupos de asesoría, esto es normal, es la negación. Lo importante es que usted como padre, madre, hermano, novio, esposa, participe: él vendrá después.
La psicóloga italiana Piera Piatti9 vivió la experiencia de un familiar adicto, recuperado posteriormente. Basándose en esta experiencia, ella propone algunas orientaciones, que han sido realizadas en el ámbito italiano y puestas en práctica en diferentes países, con algunas modificaciones. He aquí un resumen:

1. Ame a su hijo adicto
Este concepto del "amor" frente al toxicómano tiene una caracterización de "inteligencia". "El amor también es inteligente". "Ayudar quiere decir comprender, pero comprender no quiere decir dejarse engañar".
El joven tratará de engañarnos una y mil veces, y nosotros tenemos que estar atentos, amándolo con res¬ponsabilidad e inteligencia. La firmeza es una buena manera de amar al hijo adicto.

2. Evite humillarlo

Muchos padres creen que utilizando palabras soeces, hirientes, van a lograr resultados. Las humillaciones lo único que logran es proporcionarle una disculpa para que se continúe intoxicando.

3. No sea su cómplice
Es un hecho aceptado por los expertos, que hay coadictos o cómplices. Son familiares o amigos que de "buena fe" creen que asumiendo ciertos comportamientos frente al adicto le ayudan a salir del problema; sin embargo, lo que hacen es facilitarle el camino hacia el consumo. En el lenguaje de la psicología conductual se llama "reforzamiento"; en el enfoque sistémico "alianzas"; los Alcohólicos Anónimos los llaman "propiciadores" o "víctimas".
Veamos algunos ejemplos de comportamientos "cómplices":
Don Pedro es alcohólico. Llega tarde al trabajo el lunes a causa de una "borrachera" del domingo. Su amigo Juan "lo salva" terminando el informe de trabajo que debía presentar al medio día. Así don Pedro pudo cumplir con su trabajo ante el director.
Luis, el hermano de Julián, es consumidor de cocaína. Con frecuencia, recibe llamadas para que pague cuentas de un crédito que su hermano realizó. Julián no quiere "escándalos" y estima mucho a Luis, entonces procede al pago de sus cuentas.
Juan y Julián son los ejemplos típicos de los coadictos o cómplices. Son personas que en alguna forma sienten "ansiedad" ante la situación de su amigo o hermano, normalmente satisfacen su autonecesidad, se ayudan a sí mismos (sin ser conscientes de ello) salvando al adicto de las dificultades.

En el lenguaje psicoanalítico se podría hablar de un mecanismo intrapsíquico de defensa: la "proyección", un problema de mi "yo" se lo "paso" a la otra persona.
Los coadictos no permiten que el adicto sea responsable, que aprenda de sus errores. Si llega tarde el lunes al trabajo, que afronte las consecuencias de su "borrachera" de fin de semana. Si no pagó las cuotas del crédito asuma la responsabilidad y pague la deuda. Al resolverle los problemas causados por los psicoactivos, estamos dando a entender al adicto que puede estar tranquilo, sin preocupaciones, que siempre tendrá un ángel salvador, atento para sacarlo de apuros. Conviene ir cortando estas ayudas y no dejarse llevar por el papel de "víctima" que representa el drogadicto.

4. No ceda a los chantajes para acallar los propios sentimientos de culpa
Es un comportamiento semejante al anterior, pero ocurre sobre todo con el papá o la mamá. En algún mo¬mento uno de los padres comienza a culparse por la adicción del hijo: "Por no haberle dedicado más tiempo cuando estaba pequeño, ahora le pasa esto", "por haberme separado de mi mujer ahora...". Estos pensamientos hacen que la madre o el padre cedan ante el "chantaje" del hijo, quien intuyendo (no hay que olvidar que el adicto tiene una gran intuición) el punto débil de su progenitor, le pide dinero o le hace exigencias que el padre satisface rápidamente para tratar de acallar su "culpa" por la adicción de su hijo.

Recordemos lo dicho en el párrafo acerca de las causas de la adicción: Viktor Frankl, el creador de la logoterapia nos dice que: "Ante el destino adverso, es inútil preguntarnos ¿por qué a mí? Lo importante es dar una respuesta ante el destino, afrontarlo" y, en este caso particular, hacerlo con inteligencia, sin ceder a los chantajes para acallar los propios sentimientos de culpa.

5. Si acepta la terapia no lo culpe por una eventual recaída
Una fase que normalmente aparece después de la etapa de negación por parte de la familia es la de agresividad. ¿Por qué? Los familiares que llevan varios años sufriendo los estragos de la adicción, al comenzar, el joven, la terapia, quisieran "desquitarse" por el sufrimiento recibido y pueden volverse muy agresivos ante cualquier "falla" que cometa durante el tratamiento. Estos sentimientos deben manejarse con atención y entender que también dentro del proceso del tratamiento el joven puede tener "recaídas" en el consumo. Este hecho se puede aprovechar "terapéuticamente" por parte de los orientadores. No hay que desesperarse.

6) No se deje "envolver" en discusiones y dramas con el adicto
El adicto es un hábil manipulador; aprovecha cualquier ocasión para "descargar" la responsabilidad de sus comportamientos o la culpa que siente internamente en los otros. La persona, en lo más íntimo de su ser, se siente culpable de sus actos, sabe que otros están sufriendo a causa de ellos, por eso trata de provocar dis-cusiones y dramas donde buscará que el otro, al sentirse ofendido, reaccione violentamente contra él; de esta forma podrá pensar: "¿Se da cuenta?, por eso es que yo me drogo, me emborracho, usted es muy agresiva con¬migo, me ofende". Al caer en la trampa de la provocación del adicto, le permitimos que su "complejo de su culpa" se disminuya y él va a pensar: "Sí, realmente ellos son culpables de que yo actúe así, me tratan muy mal". Favorecer el aumento de su complejo de culpa, junto con otros factores lo lleva poco a poco a reconocer que sí necesita ayuda y tratamiento. Una buena forma para no dejarse "provocar", es utilizar la técnica timeout (tiempo fuera), que consiste en no prestarle atención en el momento de la discusión y dejarlo "hablando solo", aunque haya que abandonar el sitio donde él ha iniciado la provocación.

7. Demuestre con firmeza la resolución de negarse a convivir con la droga
Hay padres que no mantienen consistencia en la actitud para rechazar la adicción. Unos días son com¬placientes, permiten las "borracheras" y "orgías" de sus hijos y otros días son muy drásticos en sus decisiones. Es común ver un progenitor (normalmente el de sexo opuesto al del adicto) muy permisivo y el otro muy firme. Esta ambivalencia o doble mensaje va en contra de la recuperación de la persona. Los familiares deben formar un "bloque", una unión y ser firmes, mantener una decisión drástica de que no quieren seguir conviviendo con la droga, alcohol, o sustancia psicoactiva.
B. ETTAPAS DE LA ADICCION QUE LA FAMILIA DEBE TENER EN CUENTA
Bruno y Masellilo plantean tres períodos en el desarrollo de la adicción, que pueden orientar el acercamiento al joven. Se intenta una síntesis de estos, sin olvidar las diferencias específicas de cada persona.
1. Primera Etapa
Se produce desde el primer contacto con la sustancia psicoactiva hasta el momento en el cual los maestros o padres se enteran de su afición. Esta etapa es llamada por algunos "la luna de miel", ya que el joven siente las cosas "positivas", agradables de la sustancia, el "flash", que como veíamos al principio es la energía o corrientazo que comunica el tóxico cuando entra en el organismo. Es duradero. Ese "orgasmo generalizado", del cual hablan sobre todo los heroinómanos y cocainómanos, actúa mucho en el joven.
La "fuga", ese otro elemento que también explica en gran parte, el apego al tóxico, hace olvidar al adicto los problemas y malestares. Como el fenómeno de la tolerancia es un proceso que se va desarrollando poco a poco, el joven no siente aún, la crisis de abstinencia. Se queda con lo "bueno" de la sustancia: el "flash" y la "fuga"; lo negativo: la crisis de abstinencia, no se manifiesta todavía.
Para algunos expertos el primer período raramente es inferior a los dos años o superior a los cuatro. Este es un dato muy relativo, depende de la sustancia y la persona. El joven es capaz, en esta época, de "esconder", de disimular el consumo; tiene un grado de control sobre la sustancia, el complejo de culpa no es muy grande y las justificaciones que encuentra lo tranquilizan. Por eso es muy común escuchar que en esta "luna de miel" es difícil que el joven acepte el tratamiento (si sus familiares se enteran).
Algunos terapeutas prefieren adictos "viejos" porque "la luna de miel" (flash, fuga) es muy pequeña en com¬paración con los malestares de la crisis de abstinencia, del acoso permanente para comprar el tóxico, etc.
En algún momento, la persona trata de "librarse" de la sustancia, pero se da cuenta de la dificultad para lo¬grarlo y comienza a mentirse a sí mismo: "Esta es la última vez que lo hago, mañana no lo haré más". Curio¬samente, en el momento en que se encuentra "drogado", "borracho", se siente con muchas fuerzas, es omnipo¬tente y tiene la seguridad de que va a ser capaz de abandonar el tóxico. Cada vez la "crisis de abstinencia" se hace más fuerte, puesto que la tolerancia se va desarrollando plenamente y la "luna de miel" queda atrás.
En este período se observan cambios "positivos" en el joven, por ejemplo: parece más extrovertido, seguro de sí mismo, los familiares ven el cambio y se entusiasman. Los pequeños robos de dinero y objetos de la casa comienzan cuando el joven necesita consumir con más frecuencia para no sentirse mal. Los problemas escolares, laborales, físicos, hacen que por fin un día los familiares se enteren de la adicción y aquí termina el primer período.

2. Segunda Etapa
La revelación de la situación del hijo produce, como se ha visto, un shock familiar. Primero la negación por parte del joven y después, por parte de la familia hacen su aparición con toda la fuerza. El joven comienza a prometer que dejará la droga; la familia cree en sus promesas y le da gusto con cosas materiales, ya que se sienten culpables. La persona que ya tiene un grado de adicción alto no puede dejar la sustancia y los problemas de todo tipo se acentúan. La familia comienza a vivir comportamientos ambivalentes: regalos y agresividad para tratar de controlar las conductas desviadas. Se conforma entonces una patología bien compleja.
En el momento en el cual los familiares y más raramente el joven piden asesoría comienza el tercer período. 

3. Tercera Etapa
La familia y el joven han ido venciendo la negación, el autoengaño, el victimismo y se integran al tratamiento, hecho del cual hablaremos más adelante.
C. FORMAS DE ENGANCHE PARA EL TRATAMIENTO
La forma de "llegar al adicto" para que asuma un tratamiento, despierta polémicas por la complejidad de los factores que entran en juego: grado de adicción, sustancia, tiempo de consumo, individuo.
Entre los expertos dedicados a seguimientos estadísticamente significativos, hay más consenso en que por lo menos en un primer momento de abordaje al adicto, hay que ser más "confrontativo", lo cual no quiere decir que en ciertos casos una aproximación de "consejería" no surta efectos positivos. El autor ha visto, en adictos europeos y colombianos que los abordajes funcionan, aunque la aproximación de "consejería" produce menores resultados.
Pero, ¿qué es un abordaje confrontativo? La confrontación es una forma de comportamiento, de "técnica" muy utilizada en el ambiente de la comunidad terapéutica, es un estilo muy directo, donde incluso se eleva el tono de la voz para "hacer una confrontación". Veamos algunas frases: "No creo en lo que me estás diciendo, eres un mentiroso, un cobarde, eres sólo valiente con las viejitas". "Eres un irresponsable, hoy dejaste abierta la llave de la ducha. ¿Cuándo vas a dejar de ser un niño de 2 años?". "Difícilmente te puedo creer que desde ayer no fumes droga"
La confrontación tiene el presupuesto de que el adicto tiene unas "corazas" muy duras, que recubren su personalidad y hacen que "sienta poco". La persona, al estar en unión total (simbiótica) con la sustancia, vive en una especie de "cápsula". La confrontación actuaría para romper estas "corazas" o "cápsulas", logrando que afronte su realidad, que no "huya más de sus responsabilidades o traumas".
La aproximación de consejería, por el contrario, es más de escuchar y "creer" las versiones del adicto. La consejería es más suave, delicada, tiende a creer que el joven está en actitud de aceptar orientaciones, "consejos" y esto es suficiente para que cambie. En un campo más técnico es creer que con un "psicoanálisis" o un "counseling" se puede "llegar al adicto" en una primera fase, para que acepte el tratamiento. La "consejería" es una metodología más de tipo "estructuralista". Luna V.n.

Dos situaciones trabajadas por el autor, sin ser exhaustivas ni detalladas, pretenden ejemplificar el abordaje "funcionalista" (confrontación) y el abordaje "estructuralista" (consejería), sin olvidar que la estrategia depende
de muchos factores que deben quedar suficientemente dilucidados en el diagnóstico:
— Edad del sujeto.
— Tipo de estructura familiar.
— Grado de adicción.
— Clases de sustancias psicoactivas utilizadas.
— Características de personalidad.
— Relaciones sociales.
— Estado de salud en general.
— Nivel de motivación para salir adelante.
— Recursos o fuerzas espirituales (concepción de la logoterapia o concepción religiosa). Después de haber evaluado y sopesado bien los datos anteriores se procede a la elección del "enganche".
1. Enganche funcionalista (confrontativo)
Es el más utilizado en un tipo de modelo de la comunidad terapéutica. Tiene como base un lema que nació en parte, como una derivación de los Alcohólicos Anónimos: "El adicto debe tocar fondo para que acepte que necesita ayuda". Este lema despierta muchas objeciones y resistencias en el campo académico tradicional (profesionales, clínicos). Se tiene presente la teoría de las "corazas", "cápsulas" que hace al drogadicto casi im¬permeable al contacto, casi no siente, por lo cual lo único que logra penetrar la "coraza o cápsula" es un "shock" o situación que se sume a los efectos negativos de la adicción, a saber: la crisis de abstinencia y la esclavitud de la sustancia que implica un alto costo económico, social, existencial para la persona.
Para Massimo Barran directivo de la Cruz Roja italiana: "El estimulo más importante que ayuda a los he¬roinómanos a abandonar la droga es la dificultad cada vez más grande que encuentran para conseguir la dosis necesaria, y todo a un costo existencial económico que se vuelve insostenible e intolerable. El adicto se cura cuando los aspectos negativos de su dependencia superan a los positivos".
Un ejemplo de la aplicación de esta clase de enganche es el siguiente:
Se trata de una pareja de jóvenes italianos (27 y 28 años); tienen un hijo de cuatro años. Casados, él trabaja como técnico en un laboratorio clínico, ella es ama de casa. Llevaban siete años consumiendo heroína inyectada (había poca "luna de miel"). La esposa era la encargada de conseguir la droga; él daba el dinero para que lo hiciera.
Los primeros que piden asesoría son los padres de él. Con ellos se realiza un trabajo que comienza con un curso

de información sobre las sustancias, formas de comportamiento con un hijo adicto, riesgos para el nieto. Los padres de él son muy colaboradores (buen pronóstico), los de ella nunca aparecieron. Se les hace ver como, aunque ellos no viven con el hijo y la esposa, si se han ido convirtiendo en coadictos, propiciadores, ya que les dan dinero, les llevan comida a la casa, les compran ropa.
Después de seis sesiones de trabajo, aparece el joven (Claudio). El presupuesto de este abordaje consiste en que, a medida que se dan cambios en el comportamiento de los padres (disminución de ayudas), el joven se siente intrigado por saber adónde van sus padres semanalmente y esto lo hace ir a "curiosear".
En la primera cita se siente entre sorprendido y serio al ver un terapeuta no italiano. Se le propone que asista dos veces por semana para estudiar las posibilidades de iniciar un proceso para que "disminuya poco a poco la dosis de heroína semanal" y para que junto con su esposa (Esther) se vea "qué camino va a coger el niño de cuatro años". (Esta es una frase típica de confrontación en la primera sesión. Aquí se le está diciendo: "Lo que están haciendo frente al hijo no es adecuado". En algún momento Claudio mira el reloj de pulso y se le pregunta: "Ya es hora de irse a drogar, ¿verdad?".
El se queda en silencio unos segundos y responde que sí. Se da por terminada la sesión (ya se había indicado los días en que podía venir él, o su esposa, los dos, o sus padres).
La frase: "Ya es hora de irse a drogar, ¿verdad?" es una confrontación, es algo directo que le hace ver que no es tan fácil engañar al terapeuta (algo muy gratificante para los que aplican este abordaje, es justamente el testimonio de los jóvenes, meses más tarde cuando están desintoxicados, al reconocer que en el momento en el cual se dieron cuenta de que era difícil engañar al terapeuta, empezaron a creer que él sí les podía ayudar a salir del problema. Al contrario, cuando pensaban que podían engañarlo por su inexperiencia, no creían en él).
Claudio volvió a los quince días con su esposa, la cual se veía en peores condiciones físicas. Se les explicó en qué consistía un programa de comunidad terapéutica y se les volvió a plantear la pregunta: ¿Qué camino, qué futuro creen que va a tener el hijo de ustedes?, pregunta de confrontación. Durante dos meses con asistencia irregular por parte de los dos se continuó con una información sobre las diferentes opciones de comunidades terapéuticas. Al terminar el segundo mes de sesiones se realizó una reunión con los padres de Claudio (quienes asistían todas las semanas); entonces ocurrió una situación que provocó una crisis en Claudio y siguió el esquema de tocar fondo, o lo que se mencionaba con Massimo Barra: "El heroinómano se cura cuando los aspectos negativos de su dependencia superan los positivos".
Ante la preocupación por la vida del hijo de Claudio y Esther (tenía cuatro años y era evidente el maltrato psicológico recibido de sus padres heroinómanos), se llegó a un acuerdo para que una trabajadora social del Distrito Sanitario de Roma, realice una visita y examine las condiciones en que se desarrolla la vida del niño. Se programó una reunión para comunicarles a Claudio y Esther la decisión tomada con el aval del terapeuta. El día de la reunión, Claudio se altera y grita que no permitirá que se "metan con su hijo". Esther más relajada por la ingestión de heroína, secunda la idea de su esposo, pero con menos fuerza.

En síntesis, dos semanas más tarde, Claudio entra en una comunidad terapéutica (se había decidido dar una espera y no realizar aún el pedido de la visita domiciliaria). Su esposa lo sigue un mes más tarde. El niño queda con los abuelos paternos. Han transcurrido cinco años desde que Claudio y Esther entraron en comunidad (duraron dos años y medio en tratamiento y cumplieron el programa). Hace seis meses se recibió la última co-municación de ellos y están integrados a una vida normal. Los padres y amigos de Claudio reportan abstención del consumo de drogas.
Algunos puntos claves del enganche (funcionalista) confrontativo, se pueden resumir así:
— Realizar reuniones con familiares (no importa que no asista la persona adicta).
— Hacerle ver a la familia el papel que juega como: "Propiciadores, coadictos".
— Realizar reuniones diferentes: individuales, de pareja, grupo familiar ampliado.
— Tener claro el concepto de tocar fondo.
— Utilizar la confrontación desde la primera sesión con el adicto.
— Ir quitando poco a poco las "ayudas": dinero, compra de ropa, etc.
En la situación anterior se aprecia como el elemento limite (aumentó e hizo desbordar los efectos negativos de la adicción), fue el riesgo que implicaba la visita de la trabajadora social para efectos de la permanencia del niño con la pareja de adictos.

Para Claudio fue el "estímulo precipitante" que "rompió la coraza o cápsula", haciéndolo reaccionar y entrar en tratamiento. Meses más tarde, en la entrevista de seguimiento, Claudio recordó ampliamente ese momento, preguntándose cómo era posible que "no me diera cuenta de todo el daño que le estaba produciendo a mi hijo". En este sentido un adicto en la fase de compulsión, tiene muchos rasgos semejantes a una "psicosis": vive en otra realidad, en otro mundo con simbologías y lenguaje diferentes. Después, al separarse de la sustancia, va regresando al mundo "normal".
¿Por qué se llama enganche funcionalista (confrontativo)? Porque hacen énfasis los estímulos ambientales evidentes, observables, cercanos al adicto: ayudas, coadictos, personas y situaciones. Este enganche es más de índole "dirigida": se proporciona al adicto más dirección y guía, por parte del terapeuta y familiares. Al principio, existe la tendencia a no darle mucho peso a los mecanismos intrapsíquicos del sujeto o "estructuras internas" que pudieron haberlo llevado a la adicción.
El primer objetivo es buscar que suprima el contacto con la sustancia; después se observarán las dinámicas internas del sujeto.
2. Enganche estructuralista (consejería)
En el enganche estructuralista el terapeuta llega a pensar que al resolversen los conflictos, la persona dejará el consumo de los psicoactivos. El control sobre el consumo pasa normalmente a ser un objetivo no prioritario (al contrario de lo que es el enganche funcionalista). Un caso extremo de enfoque estructuralista sería hacer un psicoanálisis, donde el profesional interpreta las comunicaciones del adicto acostado en el diván. El siguiente es un ejemplo de este tipo de enganche:
Se trata de una señora que llega a pedir información porque su esposo se "emborracha" cada fin de semana. Tiene 3o años, su esposo 35. Lleva 15 años bebiendo alcohol (cerveza, aguardiente).
El señor reporta "lagunas": al otro día de la "borrachera", generalmente no recuerda cómo hizo para llegar a la casa, hasta qué horas estuvo bebiendo, etc. Gloria, la esposa, comienza un curso de información sobre las sustancias psicoactivas; se le sugiere que invite a don José, su esposo. El es jefe de ventas de una compañía grande y tiene un nivel de producción aceptable pero "la plata no se le ve". Gloria asiste una vez por semana, su esposo asiste dos veces durante el primer mes.
En una sesión de pareja salen a flote problemas de celos por parte de la esposa, dificultades económicas para afrontar la educación de los hijos. Ante esta situación se opta por:
a) Utilizar un enfoque de mucha "comprensión", escucha atenta, y aplicar la técnica del "reflejo rogeriano" (se hace de espejo para que la persona vea y sienta lo que está diciendo ya que el terapeuta se lo "devuelve" con palabras semejantes).
b) Emplear técnicas "multidimensionales" del enfoque humanista (rogeriano, logoterapia, expresión de sentimientos) durante el encuentro de pareja.
c) Abordar las situaciones conflictivas que tienen que ser puestas en claro: celos y sentimiento de inferioridad de la señora, discusiones frecuentes que alteran emocionalmente a los niños, falta de asertividad de la pareja.
d) Llegar a un acuerdo para realizar dos consultas semanales: una de pareja y otra donde doña Gloria se une a un grupo de señoras para continuar recibiendo información sobre las características de la adicción, mientras su esposo entra a un grupo pequeño de personas con problemas de marihuana y cocaína, para comenzar un trabajo de "aprendizaje de técnicas de asertividad".
e) No hacer confrontaciones al esposo.
fi Invitar a la esposa a la reflexión sobre la posibilidad de que esté acosando demasiado a don José con sus celos. (Aquí el terapeuta ha planteado una hipótesis estructuralista: el señor consume alcohol, debido en parte, a un conflicto intrapsíquico derivado de la relación que mantiene con su madre y su esposa).
g) Analizar los sentimientos y relaciones que él mantiene con la mamá, los sentimientos de culpa (interpretación psicodinámica) por su comportamiento frente a su esposa e hijos.
Durante los dos primeros meses, don José es muy inconstante. Argumenta que no tiene tiempo para las sesiones (negación), asiste a cuatro de las 12 programadas. No obstante, se decide no presionarlo ni intentar el lema de tocar fondo. Se apoya a la señora para que siga asistiendo a las sesiones de grupo e individual.
En el momento de escribir esto, el señor va a cumplir un año sin "emborracharse". Cuando está en reuniones donde por costumbre se ingieren bebidas alcohólicas, consume una bebida no alcohólica, con forma y envase de cerveza. La esposa reporta la no incidencia de fines de semana fuera de casa y ascenso en la empresa, todo lo cual hace que él se "ajuicie más". Los dos continúan asistiendo a grupos de apoyo cada ocho días.
En resumen, los puntos claves del enganche estructuralista (consejería) son:
— No se utiliza la confrontación.
— Se realiza un acercamiento al adicto con el counseling (mucha aceptación, empatía, se escucha bastante al otro). Las técnicas del enfoque humanista de la psicología son centrales: reflejos rogerianos, logoterapia.
— No hay formas de presión hacia el adicto. Se le deja muy libre para que acepte o no el tratamiento.
— Hay menos directividad por parte de los terapeutas y familiares: las guías y orientaciones son menores.
— Se plantean hipótesis estructuralistas. Por ejemplo en el caso anterior, se interpreta un conflicto in¬trapsíquico (estructura profunda) relacionado con la madre y la esposa de don José que, en algo tiene que ver con la etiología de su adicción. El complejo de culpa frente a sus hijos y a su esposa se interpreta psicodinámicamente.

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